lunes, 3 de junio de 2013

Valtierra

Valtierra es un municipio de Navarra, situado en la ribera de navarra, entre los desérticos paisajes de las Bardenas Reales de Navarra y las fértiles tierras del valle del Ebro. A 17 Km de Tudela, 75 de Pamplona, y a 5 Km de Senda Viva y Las Bardenas Reales. Valtierra tiene 2 523 habitantes
Valtierra ha sido históricamente una villa dedicada plenamente a las labores agrícolas y durante siglos en torno a ellas se ha desarrollado la vida en el municipio.
Valtierra (Navarra)
En esta página les mostraremos toda la informacion de relevancia turística si desean visitar la localidad. Los mejores restaurantes, bares, las mejores casas rurales, hoteles, artesanía, monumentos..

Calabazas Valtierra

En Valtierra se celebran muchisimos actos tanto culturales como festivos. Las fiestas patronales son del 17 al 24 agosto, las fiestas de la juventud el fin de semana posterior a semana santa, la fiesta de las Calabazas Gigantes a primeros de Septiembre.

domingo, 2 de junio de 2013

Historia Bardenas

Historia de las Bardenas Reales

Bardeneros de ayer y hoy.
La Bardena está de moda. Ya no la visitan sólo quienes hicieron de ella el escenario de sus vidas, de sus trabajos y afanes, los verdaderos bardeneros que a continuación mencionaré con la emoción evocadora de hombres y hechos del pasado que me son muy cercanos:
1° Los pastores, que buscan incansables en umbrías y humedales los escasos pastos que normalmente produce esta tierra reseca, y que se ven obligados, cuando se agotan las magras reservas hídricas, a buscar en áreas montañosas más norteñas lo que falta en las llanuras riberas, secas y castigadas por el sol.
2° Los labradores, que cada año juegan a la lotería del buen tiempo y la cosecha ubérrima, siempre con la esperanza de que les toque el gordo, pero también con el temor, mucho más probable y basado en la dura experiencia, de que no germinen bien los granos por falta de agua, que las espigas se encanijen o se pongan cerollas o a última hora sobrevenga una mala nube.
3° Los leñadores y carboneros, que tanta importancia tuvieron y tanto dieron que hablar en esta tierra de biomasa frágil, atacada por unos y otros hasta reducirla en ciertas partes a la condición de matorral rastrero y oloroso y aun de calvero desértico.
4° Los cazadores de todo tipo, y en particular quienes tomaban la caza -bicheros, laceros y escopeteros- como un modo de vida arriesgado y en tiempos de veda perseguido; noctívagos impenitentes, sabios conocedores de los cados y de los senderos recónditos, amigos y enemigos, según las circunstancias, de los guardas bardeneros y de la benemérita.
5° Los recolectores de diversos productos naturales, que pocas gentes de nuestros días conocerán, como el tan, obtenido de la corteza de la encina; la pez, sustancia resinosa extraída del pino; y el visco o muérdago, una planta parásita que proporciona la liga caza pájaros. Y los que recogen setas y caracoles, especialmente las “pardas’, piedra para la construcción y la fabricación de yeso, estiércol y, en ciertas coyunturas, esparto. Y, los apicultores y mieleros, aunque estos trabajaban más en las tierras de los pueblos circundantes a la Bardena, dadas las cortapisas y servidumbres que pesan sobre las construcciones levanta das en esta Comunidad.
6° Y ¡cómo, no!, algunas gentes de mal vivir, contrabandistas, ladrones cuatreros, huidos de la justicia, bandoleros. La frontera de Navarra y Aragón era, en este sentido, permeable, de modo que en la Bardena se refugiaban los “bandidos” aragoneses, y a las Cinco Villas se escapaban y en su terreno hermano se escondían los navarros.


Por suerte o por desgracia, a todos estos bardeneros tradicionales y varios más, se han ido añadiendo últimamente otros nuevos:
1° Los ‘domingueros del calderete”, que así les llamo con cariño, porque en cierto modo también lo soy. ¿Sabremos resistir al sibaritismo culinario y a la juvenil “cultura del bocata” con nuestros ranchos y nuestras migas bardeneras y a las latas de bebidas extrañas con nuestro vino reparador albergado en bota que se arremanga cuidadosamente?
2° Los “bárbaros” o “extranjeros” motorizados -que pueden ser también navarros, y de la Ribera-, gentes irrespetuosas que rompen con el estruendo de los motores de sus vehículos el silencio “geológico” de muchos parajes que casi no conocieron durante meses otros sonidos que los balidos y los cencerros, y que los hollan indiscriminadamente con sus ruedas.
3° Los que van a la Bardena, como a tantos lugares afamados del mundo, no para sentir la emoción estética de los colores increíbles que ofrece el terreno -blancuzco, grisáceo, rosado y rojizo, azulado, violáceo y negruzco- en el transcurso de un día luminoso, sobre todo al amanecer o a la caída del sol, ni para contemplar a escala menor, esas formas de relieve del Oeste americano fantasmagóricas que ofrecen los cortados del terreno, los cabezos, barrancos y planas, y gozarlas serena e intensamente, sino para presumir de que se han visto, y si puede ser, para demostrarlo cumplidamente con oportunas fotografías.
Y los militares de la base del Polígono de Tiro...
Divagaciones sobre el nombre.
El nombre correcto, el oficial, es este: Bardenas Reales. Como luego veremos, no sería necesario añadir de Navarra”, aunque conviene hacerlo para evitar posibles confusiones, sobre todo fuera de nuestra Comunidad Foral. Es también frecuente y correcto utilizar el singular (Bardena Real, Bardena del Rey), y popularmente suele prescindirse del adjetivo, de modo que se dice a secas Bardena o Bardenas.
En todo caso nunca está de más puntualizar o precisar unas cuantas cosas sobre el nombre: 1° cómo debe pronunciarse, Bardenas o Bárdenas (Bardena o Bárdena), esto es, se trata de una palabra grave o esdrújula; 2° por qué se emplea unas veces en singular y otras en plural; 3° por qué va acompañada del adjetivo Real (o Reales); y 4° por qué conviene añadir la referencia geográfica “de Navarra”.
Palabra grave o esdrújula.
Como palabra grave, sin tilde alguna, figura siempre en la documentación oficial a partir de la Edad Media. Y como tal la pronuncian los bardeneros, en contra de lo que curiosamente opinaba Arín y Dorronsoro, quien acaso dejó llevarse, en este y otros temas referentes a Euskalherria, por prejuicios o por lo que decían las gentes pretendidamente ilustradas de la Ribera, sin advertir que, ante los “intelectuales”, esos campesinos pretenciosos procuran acentuar las palabras; en nuestro caso haciéndola esdrújula, y así distinguirse de los aldeanos corrientes.
En la Novísima Recopilación de las Leyes del Reino de Navarra y en los Cuadernos de las Leyes y Agravios reparados, en el artículo 14 de la Ley Paccionada de 16-Vlll-1 841 (“no se hará novedad alguna en el goce y disfrute de montes y pastos de Andía, Urbasa y Bar denas... “) y, como es lógico, en las Ordenanzas compiladas, aprobadas y, en su caso, modificadas por la Junta General, aparece siempre sin acentuar.
En singular o en plural, pero sin tilde, figura en los Anales de Moret y Aleson y en la mayor parte de las obras que sobre Navarra escribieron historiadores, geógrafos, juristas, etc. posteriores. Por ejemplo, Zuaznávar en su Ensayo histórico-crítico de 1820, Ochoa en su Diccionario de 842, Yanguas y Miranda en los suyos de 1820 y 1840, Ramírez Arcas en su itinerario de 848, Alonso en su sesuda Recopilación, también de 1848, Campión en E/Genio de Navarra de 904, Olóriz en sus Nociones de Geograifa de Navarra de 1911 y AltadilI en su Geografía de 916, por no citar a otros contemporáneos y no menos eminentes.
¿Cuándo y por qué ciertos autores escriben Bárdenas o Bárdena? No he estudiado detenidamente la cuestión, pero debo decir que, al bucear en el tema, me encontré con grandes sorpresas. Por ejemplo, en el Diccionario de la Academia de la Historia (1802) figura siempre esta voz, que firmó M. Abella pero informó principalmente J. A. Fernández, como palabra esdrújula.
¿No se había dicho -y así lo creí hace medio siglo- que empezaron a ponerle acento ortográfico los vasquistas porque ello convenía a la interpretación etimológica del vocablo? Pues sólo hace unos años me di cuenta de que una obra tan poco proclive a “lo vasco’ como dicho Diccionario figuraba entre las primeras -si no la primera- en hablar de Bárdenas Sin duda el Diccionario de la Academia de la Historia influyó en otros posteriores, correcciones de Madoz (1 845-1850), quien escribiéndola en singular o en plural, siempre la acentuó mo palabra esdrújula.
Por el contrario, hay vascófilos que opinan justamente al revés: “Bardenas y no Bárdenas, como algunos viciosamente escriben o pronuncian”, decía H. Olóriz. Bardenas, y e ces Bardena, escribió siempre Campión, que yo sepa. Y asombrosamente, un hombre vivió en Navarra y la conoció bien, como Arín y Dorronsoro, en sus Problemas agrarios..., defendió con empecinamiento y con argumentos poco sólidos que es una palabra esdrújula hasta aseguró que así la pronuncia el pueblo en general, cuando resulta justamente lo contrario.
Para terminar con esta cuestión, nada debe sorprender que en algunas publicaciones recientes del Gobierno de Navarra o hechas bajo su patrocinio hayan aparecido Bárdenas; varias veces, por ejemplo, en El agua en Navarra, así como en la revista de 7, mo. A nadie acuso en particular: ¿cómo podría hacerlo, si en una de mis publicaciones bre Navarra editada en Barcelona también se produjo el mismo desliz por parte del matista y decorador del libro, encargado de las ilustraciones y del texto-comentario que acompañaban?
En cuanto a la etimología, la opinión dominante concuerda con la que expuso Olóriz:
Parece corrupción de las voces euskaras Abar-dena, todo ramaje’. Y para justificar que un nombre de tal raíz en la Ribera, siendo así que desde hace siglos se había olvidado esta zona ‘hasta el recuerdo de su admirable lengua”, insiste en que también la parte de Navarra estuvo poblada por la raza euskara (Caro Baroja le hubiera recordado que n justo identificar pueblo vascón y lengua euskara...). Resulta curioso notar, a este respecto que en la lista de léxico vascuence que publicó A. Campión en sus Datos históricos del no de Navarra, al tratar de Abar, dice que significa rama, y cita las palabras Abarca y A zuza, pero no Abar-dena.
Hay también otras interpretaciones etimológicas. Por ejemplo, Iribarren sugiere en su vocabulario que la palabra puede proceder de pardina o paradina, muy usadas en el Alto Aragón para designar el “monte bajo de pasto, donde suele haber corrales para el ganado lanar”. Otra interpretación de tan discutible valor etimológico como la anterior es la que en relación bardena con barda, esto es, con cerca o seto de espinos, de suerte que bardena vendría a significar -al parecer del Diccionario de voces españolas geográficas -po, prado o bosque cerrado con barda”.
A este propósito, cabría preguntarse si tendrá algo que ver con esta palabra el vocablo chalabardanos (en ocasiones zalapartanos y cha/abardones), empleado al menos desde mienzos del siglo XIV en varios documentos de Comptos y en algunos pleitos, como el sostuvieron en 1360 el Procurador Real y el de los chalabardanos y la Orden de San Ju los concejos de Fustiñana y Cabanillas por derechos de pastos y aguas en las Bardenas, ra designar a pastores de pueblos no finítimos con el territorio de esta Comunidad pero tuvieran en él derecho de pastos, y muy en particular a los roncaleses (información d García Larragueta).
¿Podría haber, finalmente, alguna razonable relación entre bardena y bardana, nombre con que se conoce a una planta ruderal (Arctiurn minus) y otra que vive sobre escombreras y graveras fluviales (Xanthium strumariurn)? Parece que no.

Habría que decir algo sobre los topónimos bardeneros. Pero ningún filólogo experto en toponimia, que yo sepa, los ha estudiado a fondo y con la objetividad y el desapasiona miento debidos, y de manera diacrónica. Lo único que puede afirmarse es que, de acuerdo con los nombres de lugar que figuran en el Mapa Topográfico Nacional y en otras fuentes catastrales y de la Comunidad de las Bardenas, las voces romances predominantemente sobre las vascuences, lo que no sorprende en absoluto, dado que la lengua vasca desapareció de la Ribera tudelana muy tempranamente, si es que alguna vez se habló en toda ella; además, como dice Caro Baroja, no parece que hubiera unidad lingüistica en todas las ciudades adscritas al territorio de los vascones clásicos. “Antes de Schulten -añade- en el país se solía especular ya sobre la ecuación vascón-euskaro, y puesto que los vascones llegaban a Tudela, etc., se afirmaba que allí también había llegado el vascuence”.
Opiniones diferentes sostuvieron Campión y sus seguidores: “la masa de la población riberana, como ya lo demostré, es euskara”, decía nuestro insigne polígrafo en El genio...Con parecido apasionamiento opinaba AltadilI en su Geograffa: “la invasión castellana, así en las armas como en las costumbres, vino siempre del Ebro para el Pirineo como viene del Africa a España a través del Mediterráneo, de Sur a Norte, el simoun abrasador, el ambiente asfixiante que envenena a la raza más pura”.
No debe olvidarse que desde hace muchos siglos bajan cada otoño a las Bardenas Reales pastores salacencos y roncaleses, hasta no hace mucho de habla vasca, de suerte que a ellos podían deber su nombre ciertos parajes bardeneros, como Landazuría, Belcho o Bercho, Pisquerra, etc. Relacionar la segunda de estas tres palabras con belz, negro, parece lógico; lo que no se sabe es si se aplicó a una persona (así lo creo) o a un accidente geográfico, un término, un barranco. La descomposición de la palabra Landazuría, que es un paraje bardenero de color blancuzco predominante, en ¡anda, tierra de labor, heredad de cultivo, y zuri, blanco, hace ya muchos años que fue sugerida. También podían ser, desde luego, meras supervivencias -reliquias- de la lengua vasca originaria.
Singular o plural.
Ya tengo dicho que se han utilizado indistintamente las dos formas, como sucede, por ejemplo, con la gran cordillera hispano-francesa, cuyo nombre unas veces figura en singular -el Pirineo- y otras en plural -los Pirineos- y con varias montañas del mundo, como los Alpes, el Himalaya, etc. En el fuero de Arguedas otorgado por Sancho Ramírez en 1092 aparece en singular (“in tota mea bardena”), y ya se han hecho referencias literarias a las ex presiones Bardena del Rey o Bardena Real o simplemente Bardena.
Cada uno de los pueblos más bardeneros, más próximos al territorio de la Comunidad, habla de “su bardena”: se dice la Bardena de Caparroso, de Arguedas, de Fustiñana, etc., como si perteneciese en propiedad a cada uno de los pueblos un espacio acotado y delimitado de las Bardenas Reales.
Dentro de esas “bardenas” hay diversidad de términos o parajes con nombres determinados, algunos de los cuales son orónimos e hidrónimos y otros muchos nombres personales, de pastores o agricultores que fueron protagonistas de algunos hechos importantes. Especialmente frecuente es que, no sólo las cabañas y los corrales lleven el nombre, del apellido o el apodo de quienes los construyeron y usufructuaron, sino también los términos que aquellas construcciones agrícolas y ganaderas se levantan.


Citemos algunos nombres del primer grupo: Blanca, Plano, Landazuría, Trilluelos, Cornialto, La Estroza, cabezo Lobo, cabezo del Aguila, Caldero, Pisquerra, Cortinas, Tres H manos, Belcho, Cruceta, Angarillones, Rallón, Ralla, Rincón del Bu, Balcón de Pilatos, Alfarillo, Bandera, Tres Montes, Cabezo Mocho, el Abejar, Negra y sus Caldas y Omias o Umbrías, etc.
Pero lo más frecuente es que se diga y escriba Bardenas, al menos “oficialmente. Y así mismo lo más correcto, ya que son varias las “bardenas” que cabe diferenciar desde el punto de vista geomorfológico y geobotánico, como recordará sucintamente a continuación’ de manera más literaria que científica.
De Bardena variolada, irisada y multicolor podríamos hablar cuando la recorremos Norte a Sur y observamos el colorido blanco-grisáceo que proporcionan los yesos, las m gas yesíferas y el salitre a la parte que conocemos, muy expresivamente, con el nombre Bardena Blanca, o el rojizo y ocre de las arcillas miocénicas, o el gris-azulado oscuro de calizas lacustres y el negruzco de las planas cubiertas con pinares y coscojares.
Y hay, al Norte, una Bardena de estructura plegada, pues hasta ella llegan las terminaciones surorientales de los últimos pliegues anticlinales y sinclinales que afectan al medio día de Navarra; la erosión los modeló en forma de crestas y cuestas alargadas y de E asimétrico separadas por ‘vales” o barrancos de fondo aterrado y perfil transversal en U; el caso de Landazuría y del barranco de Agua Salada. Y otra Bardena tabular, modelada la erosión selectiva en forma de mesas, planas y cabezos, representativa de la Bardena meridional o Bardena Negra.
De manera resumida y sencilla puede afirmarse que, atendiendo a las formas del relieve cabe diferenciar:
1° Al Norte, las altas y viejas terrazas fluviales del Aragón, caso del Plano, cuyo nivel dominante sobrepasa en más de 10Dm las tierras bajas que le rodean.
2° En el centro, los elementos morfológicos más destacados y representativos son abarrancamientos subdesérticos, que originan típicos paisajes de bad/ands, y los cabe; de formas increíbles (Castil de Tierra, Sanchicorrota, El Rallón, Los Hermanos, etc.) de Bardena Blanca centrada en el Polígono de Tiro, con sus laderas frecuentemente tapizac de piedras areniscosas o calizas que la erosión físico-mecánica arrancó de las cumbres algunos antiguos cabezos no quedan más que los escombros); es la Bardena que, cual la visitaron! hizo evocar a F. Hernández Pacheco al Ifni sahariano y a Taracena el Sur tuicino.
Y 3°, al mediodía, los páramos -aquí llamados planas- y oteros o cabezos de la Bardena Negra, que culminan en La Nasa y Sancho Abarca, y que tanto recuerdan a los castellano-meseteños.
Antes de la intervención degradante del hombre habría igualmente en las Bardenas versos paisajes vegetales, diferentes bardenas biológicas: bosques claros de carra (Quercus rotundif o y, sobre todo, pinares de pino carrasco (Pinus ha/epensis); matorra de tipo rnaquia o maquis, con coscojas, enebros, sabinas, romeros, escambrones, etc.;Romeral y tomillar; y en los terrenos más salinos, albardinales o espartales, si sallares, tamarizales, etc.
Mañé y Flaquer, teniendo en cuenta los accidentes del terreno, dividía a las Bardenas en seis partes, llamadas respectivamente Bardena Negra, Bardena Blanca baja, Bardena Blan ca alta, Cascajos, El Plano y Landazuría. No está mal.
Reales de Navarra.
Lo de reales hace referencia, como dijimos antes y casi parece obvio, al hecho de haber formado parte del patrimonio de la Corona de Navarra con la calificación de montes “realencos” y comunes. También era frecuente hablar de la Bardena del Rey; incluso una conocida jota de la trashumancia emplea esta expresión:

A la Bardena del Rey
ya vienen los roncaleses
a comer migas con sebo
por/o menos si meses.


Pero me parece que el haber pertenecido al Patrimonio Real no explica satisfactoria y suficientemente por qué el nombre oficial que ha persistido hasta nuestros días es el de Bardenas Reales. Así figura en los clásicos textos de nuestras Cortes yen las grandes leyes re cientes que sobre ellas se dictaron o de ellas parcialmente trataron, desde la Ley Pacciona da hasta nuestros días.
Acaso se debe también a que de esta manera, diciendo Bardena Real o Bardenas Rea les, se evitaba la posible confusión que podía darse en el caso de que, por ejemplo, sólo se dijese Bardena, sin más añadidos, ya que es conocida así mismo con tal nombre simple una parte del municipio de Cáseda e incluso una de sus corralizas. Ahora bien, en este caso no se trata de un patrimonio real, y sí en el otro, de modo que diciendo Bardena Real (o Bar denas Reales) no hay posibilidad de confusión con Bardena de Cáseda.
¿Se llamó a esta así por influencia de la otra? La parte más extensa del municipo de Cáseda -se lee en el Diccionario de la Academia de/a Historia- es “el distrito que llaman la Bárdena, donde no hay más agua que la de la fuente de Baldarras, en el camino real que pasa por aquí, y para suplir esta escasez hay algunas balsas’.
No debe olvidarse que la Bardena de Cáseda se halla en la zona de paso entre os valles pirenaicos de Salazar y Roncal y las Bardenas Reales, y que también algunos ganaderos de dichos dos valles han tenido y tienen la costumbre de pasar con sus rebaños la temporada invernal en Cáseda, al igual que en otros municipios de la Navarra media y la Ribera, gracias al arriendo de sus pastos invernales.
Hace años pensaba yo -y puede que lo haya escrito en algún sitio- que la expresión Bar dena de Cáseda era reciente, que quizá le pusieron tal nombre los pastores trashumantes de Salazar y Roncal, al ver que el terreno ofrecía ciertas semejanzas con el auténtico territorio bardenero. Hasta que, al examinar la documentación inherente a la desamortización de los bienes de propios promulgada por la Ley de 1 de mayo de 1855, pude ver que estaba equivocado, y así me lo confirmó uno de mis alumnos de Cáseda (E Redin).
En cuanto al añadido “de Navarra”, podría parecer superfluo, si no fuera porque mucha más gente de lo que uno sospecha cree que existe también una Bardena aragonesa o que casi viene a ser peor, que las Bardenas Reales son una “comarca” navarro-aragonesa cuyo territorio se extiende a uno y otro lado de la raya fronteriza de ambos reinos históricos Y no es así: al Este de la muga de las verdaderas Bardenas Reales está la comarca de Cinco Villas aragonesas, y más concretamente la zona de los acarripos o corralizas de daba, Ejea de los Caballeros y Tauste.
Es muy posible que al arraigo de esta creencia, bastante generalizada entre quienes son navarros ni aragoneses, hayan contribuido, por un lado la denominación que se da al canal que riega una parte de la Zona Media y la Ribera de Navarra -incluida la Bardena otra más extensa de las Cinco Villas, y por otro, un fallo comprensible en la rotulación de mapas a pequeña escala, como son los de los atlas escolares: el nombre de Bardenas Reales era demasiado largo para que su escritura no sobrepasase por el Este los limites de Navarra...
Cabe citar algunos ejemplos de cómo a partir de un defecto de rotulación se han difundido errores geográficos en varias regiones, pero acaso el más llamativo se que dice J.Vilá que sucedió al rotular el nombre de un monte turolense perteneciente a barracín, excesivamente largo (“Montes Universales de la Sierra de Albarracín”) para ser cogido en un mapa pequeño sin que se prestara a confusiones de lectura, primero, y a e geográfico, después. De suerte que hoy seguimos leyendo que entre las montañas que tegran el Sistema Ibérico en su sector Sureste destacan la Sierra de Albarracín y los Mor Universales. Así sucedió por desaparición de la preposición dey el artículo e/en copias tográficas sucesivas.


Errores y aciertos.
Hay que insistir, porque es importante y porque al mismo tiempo y sobre todo resulta cu rioso, en el hecho de que, por unos u otros motivos, las Bardenas Reales hayan tenido en todos los tiempos importancia superior a la que cabía esperar de su extensión y de las peculiaridades de su territorio, y nombradía ventajosamente comparable con la que go zan otros espacios geográficos de la cuenca del Ebro que presentan parecidas característi cas físicas, principalmente el alto valor que alcanza la aridez; por ejemplo, los Monegros, la Violada o el Desierto de Calanda.
¿Cómo es que las Bardenas han sido siempre importantes y famosas, si sólo se trata de un territorio subárido cuya extensión ronda los 418 km2 y supone, por consiguiente, algo as! como el 4 % de la superficie total de Navarra? No seria atrevimiento el contestar a esta pre gunta con dos afirmaciones: que las Bardenas Reales mantuvieron a lo largo de los siglos y hasta nuestros días una peculiar organización político-administrativa y que fueron escenario y ocasión de fuertes conflictos de intereses.
Ya pesar del renombre que siempre tuvieron, pocas veces se da un desconocimiento re al tan profundo de un área geográfica como esta; pocas veces se han emitido juicios tan erróneos y dispares sobre sus realidades y sus posibilidades. Que los emitieran gentes de otros reinos, ‘extranjeros” o extraños al de Navarra, no era de sorprender tanto como que procedieran de los propios navarros, incluso de la Ribera.
Podrían citarse bastantes ejemplos sobre el particular, pero sólo recordaré aquí algunos tomados de mis ficheros de notas poco menos que al azar. Por la importancia y entidad que alcanzan, dedicará aparte sendos epígrafes a la discusión de estas dos afirmaciones: las Bardenas fueron un espeso bosque; y las Bardenas han dejado de ser un desierto y se han convertido en un vergel. La primera aún sigue haciéndose sin matización alguna; la otra no, porque se trata de un error evidente.
Para muchos de nuestros compatriotas el territorio de las Bardenas incluye todo el espacio que se extiende, yendo de Pamplona a Zaragoza, entre la vega del Aragón perteneciente a la villa de Caparroso y la del Ebro en Cadreita y Valtierra, junto al cruce de las carrete ras N-1 21 y N-1 34. Desde el punto de vista administrativo y de la propiedad de la tierra, nada más erróneo: en este itinerario no se atraviesa sino una pequeña franja de terreno perteneciente a las Bardenas Reales, aquella drenada por el barranco del Agua Salada, afluente del Aragón cerca de Villafranca; en ella se levantaba hasta hace pocos años, desde su fundación a comienzos del siglo XIX, la Venta de San Francisco Javier, desgraciadamente derruida.
Por cierto, se trata de un terreno sin gran atractivo estético, gris y pobre en muchos trechos, al decir de los viajeros decimonónicos y de nuestro siglo XX, de modo que, al error de confundir en una sola cosa jurisdicciones diferentes (ayuntamientos, y concretamente corralizas, y Bardenas) se añade el juicio equivocado de confundir la parte con el todo que se hace al atribuir al resto de las Bardenas, es decir, a la mayor parte de ellas, las cualidades que ofrece una pequeña porción -en absoluto representativa- de las mismas.
¿Podría cambiar en el futuro la opinión de nuestros conciudadanos inadvertidos cuando adquiera mayor espesura la franja boscosa de repoblación artificial que jalona ambas orillas de la carretera e impida ver el paisaje que ofrecen las tierras “bardeneras” aledañas?
Lo más asombroso es comprobar que algunos navarros cultos, aunque sean de la Ribera -que por serlo debieran conocer más sólidamente la cuestión-, tienen sobre el espacio bardenero y sus mugas ideas igualmente confusas, a veces increíbles. Recordaré y retendré a continuación sólo algunas.
Cualquiera puede leer en el artículo que AltadilI dedicó a Arguedas en el tomo segundo de su Geografía de Navarra que la ermita de Nuestra Señora del Yugo se “halla algún ta internada en las Bardenas, en una eminencia notable del terreno, cerca del derruido castillo de Doña Blanca”, cuando es claro que se alza en término municipal de Arguedas, relativamente cerca de la muga de las Bardenas, según había escrito atinadamente Yanguas ei Diccionario...de Tudela.


Y cuando AltadilI habla de Valtierra aparecen errores como el de afirmar que en los montes de las Bardenas Reales hay corralizas que se arriendan a ganaderos foráneos (la tierra, el corral o corraliza, no ésta solamente), especialmente de los valles de Roncal y Sala cuando está claro que las corralizas se encuentran en dicho municipio ribereño. Mediado nuestro siglo, otro viajero navarro añadía esta paladina exageración: “La preciosa iglesia Yugo) aparece rodeada de grandes árboles, de jugoso verdor. Se siente la sensación de llegar a un oasis después de atravesar el desierto’.
Más extraña resulta la descripción que se hace de las Bardenas Reales en el artículo le dedica el Diccionario de la Academia de la Historia. Va firmado por A. Abella, aunque se sabe que el principal informador -si no el único- de las voces correspondientes a la merindad de Tudela fue Juan Antonio Fernández, archivero general de la Orden de Santiago natural de la capital de la Ribera.
Pues nada menos asegura que, según consta en muchos documentos, antiguamente cogía en las Bardenas todo género de frutos, había muchos olivos y pinos y estaba poblada por colonos que vivían en torres y cabañas esparcidas por todo su territorio. Y hasta asegura que “la abundancia de fuentes y regatas podría facilitar riego a todo este terreno se pusiese de nuevo en cultivo”.
Después de esto no pueden resultarnos chocantes las exageraciones de Ochoa, Ram Arcas, Madoz, Nombela (“las vegas de la Ribera son en extremo feraces, y sobre todo la amada Bardena”), etc., quienes por lo general copian directa o indirectamente del mericio do Diccionario de la Academia de la Historia, ni que M. Sangrador en su Memoria geológico-histórica sobre las Bardenas llame a este territorio la “perla de Navarra”.
Ni debe sorprendernos gran cosa que los foráneos cometan, todavía mayores exageraciones. El propio Madrazo, por lo común bien informado y mesurado en sus juicios, replica sin el menor signo de duda lo que otros habían dicho y escrito: que las Bardenas son capaces de abastecer a toda Navarra de granos “si no estuviesen incultas y despobladas mucho tiempo ha”; y que admiten riegos del Aragón y otros ríos “y son de consiguiente susce bies de un gran incremento de la población y de considerables plantíos”.
He dicho ‘en general”, ya que hay honrosas excepciones, como las de Bow Laboi Ponz, Mañé y Fiaquer, por no citar sino algunos de los más representativos entre los  curiosos, ilustrados o científicos. La descripción de Laborde en su famoso Itinerario
A fines del siglo XVIII no puede ser más correcta; la hizo con notas tomadas en el viaje de Caparroso a Valtierra: Más allá de Caparroso..., un vasto desierto, sin ninguna habitación ni trazas de cultivo...El viajero recorre aburrido durante tres horas mortales estos lugares. ¿No nos recuerda esto, por un lado a Bow quien de paso hace ver que no son vetas de es pato, sino de yeso, las que afloran en las colinas caparrosainas, y por otro a Pio Baroja, en su triste descripción de tales parajes pretendidamente bardeneros?
Me limitaré ahora a subrayar dos errores que se repiten todavía en libros elementales de geografía: las Bardenas son una comarca de Navarra y constituyen, gracias al canal homónimo, un auténtico vergel. Volveré más adelante sobre este extremo, que merece un mayor desarrollo.
Ahora diré que las Bardenas no son -no pueden ser, nunca lo fueron- una comarca, al menos si entendemos portal, como lo hacen la geografía y otras disciplinas científicas, un territorio cuyos pobladores tienen conciencia de pertenecer a él, por compartir una historia y ciertas particularidades -tradiciones, costumbres, temperamento, modos de vida, etc- comunes. Tierra Estella, la Cuenca de Pamplona, la Ribera tudelana son comarcas geográficas, pero las Bardenas no, como tampoco los Montes de Cierzo, ambos incluídos en nuestra Ribera.


Bosque impenetrable, bandolerismo y fronteras

Los tres hechos han tenido desde hace siglos estrechas relaciones mutuas. El bosque cuida la sorpresa y ocultación para las acciones del bandolerismo, el cual se ve favorecido a su vez, por el fenómeno histórico-político-administrativo de la frontera. Ahora bien. bandidos, y en general la gente que huyendo de la justicia o por otros motivos se “ect al monte”, no sólo podía ocultarse en el monte alto o bosque. También lo hacían en el u te bajo, y concretamente en los matorrales, sobre todo si estos ofrecían el aspecto denso las rnaquias mediterráneas. El bosque no ocupa hoy, en el estricto territorio de las Barde Reales más que unas 1.000 ha, mientras que los matorrales y pastizales ascienden a 17 y las tierras de cultivo a 22.000 ha.
¿Bosque espeso e impenetrable?
El primer problema que debe plantearse es el de cuáles fueron las formaciones vegetales originarias en el territorio de las Bardenas Reales. Los expertos en geobotánica y ecol vegetal opinan que la vegetación clímax, esto es, la máxima que se habría instalado territorio de acuerdo con las condiciones medio-ambientales, sería lo que en términos geográficos se denomina un mosaico de vegetación, integrado por formaciones arbóreas arbustivas adaptadas a un clima de tipo mediterráneo-continental como el de las Barde caracterizado por el frio invernal, el calor estival, la parquedad y anarquia de las precipitaciones, la extremada sequedad de los estíos y el frecuente soplo del cierzo, que refresca el ambiente en verano y lo hace gélido en invierno.
Por consiguiente, habría, por un lado, bosques y por otro, matorrales. Entre aquellos quedan recuerdos de los carrascales (Quercetum rotundifolíae) que medrarían por Encima de los 400 m de altitud, más o menos, y especialmente en la parte septentrional de Bardenas. Hay, sobre ello, bastantes referencias literarias, como la prohibición que Ollacarizqueta hizo de cortar pinos “por pie ni por rama, ni carrascos algunos... En estos bosques las plantas integrantes del sotobosque serian casi exclusivamente mediterráneas, muchas de ellas xerófilas y termófilas, como el enebro de la miera, la sabina negra, la coscoja, el lentisco y una colección variada de plantas olorosas, como romero, pliego y tomillo.
Más extensas son las reliquias que nos quedan de otro tipo de bosque, el pinar de halepensis, en el Vedado de Eguaras, Rada y las Caídas de la Negra. En realidad, más verdaderos bosques, estos pinares son los bosquetes acompañantes de un matorral  bien adaptado al clima de la depresión del Ebro.
En efecto, allá donde la aridez no permitía el desarrollo de la encina, proliferó la mata de coscoja (Quercus coccifera) y escambrón (Rharnnus /ycioides), que tiene ciertas semejanzas con la de acebuche y algarrobo de los territorios cercanos al Mediterráneo. Además de las dos plantas mencionadas, el ‘coscojar aragonés” -como se denomina también- formado por enebros y sabinas, lentisco, boj (en las umbrías de ciertos barrancos de LE gra), romero, etc.
Una degradación del coscojar conduce a las garrigas o matorrales ralos y de pequeño porte formados por romero y tomillo, y una degradación de los romerales y tomillares! a las xeroestepas de esparto, con abundancia de plantas efímeras! y en ciertos suelos, a los ontinares, sisallares, matorrales de asnallo, saladares de sosa, etc.
Un mapa de la vegetación potencial de Navarra como el que dibujaron Oriol de Bolós y P. Montserrat para el Gran Atlas de Navarra muestra claramente cómo el carrascal originario -carrascal seco- se limitaba a ciertas áreas de la Bardena Negra, y sobre todo del Plano, y cómo el coscojar aragonés o monte bajo de coscoja y escambrón con bosquetes de pino carrasco ocupaba buena parte de la Bardena.
¿Puede hablarse, en estas condiciones, de bosque espeso, frondoso e impenetrable, co mo tantas veces se ha dicho (el nemore o bosque de Sancho Abarca donde se hacía carbón según se lee en el Registro de Comptos de 1342)? Si se hiciese! resultaría una flagrante exageración.
En primer lugar, ni siquiera los carrascales y pinares eran bosques espesos! de modo que difícilmente la ardilla famosa de la leyenda hubiera podido ir de Norte a Sur por las Bardenas sin tocar el suelo, saltando de rama en rama. Es sabido que, comparados con los europeos ultrapirenaicos, los bosques de la provincia austromediterránea en la que se halla incluida la Bardena tienen poca espesura y los árboles, pequeño porte.
Y en segundo lugar, mayor extensión que los bosques debió ocupar la mata de coscoja. Moret decía de las Bardenas que son “tierras quebradas y cubiertas de mucho boscaje ( ¿bosque de corta extensión, matorral arbolado?), despoblada y dexada para ganados por ser muy fértil de pastos”. Otras veces habla de bosques! de modo que en sus tiempos habría ambos tipos de paisaje vegetal.
No hace falta insistir mucho sobre quiénes rompieron el equilibrio ecológico a que, antes del poblamiento humano, habían llegado los encinares y coscojares con pinares carrasqueños, y quiénes, por consiguiente, desencadenaron la serie regresiva de la vegetación, des de el bosque-climax a la estepa y hasta el desierto. Principalmente lo fueron el pastoreo abusivo (sobrecama de ganado, acortamiento y aun supresión del periodo de veda), la roturación de terrenos para ponerlos en cultivo, el aprovechamiento incontrolado y excesivo de leña y madera, que a veces los Patrimoniales o sus Sustitutos vendían al reino de Aragón y a particulares, la venta de piedra de aljez o yeso, de pez y de visco que ejercitaban los vecinos de los pueblos congozantes, los incendios forestales y el carboneo.
Hay centenares de documentos que se refieren a todos estos abusos. Sólo citaré algunos. En 1675 se provocó un incendio en Valdegurrión, donde un tal Virgala, vecino de Tudela, solía apacentar su rebaño de cabras. Un guarda juramentado! que le denunció, dijo que se habían quemado 3000 pinos! “y que vio al Virgala correr con un tizón y luego escaparse”.
Enterado en 1752 el Tribunal de la Cámara de Comptos de los abusos que los carboneros estaban haciendo en las Bardenas Reales, comisionó a Manuel de Larraga, vecino de Valtierra, para que con sus ayudantes registrase las Bardenas. Así lo hicieron. Pronto encontraron a seis muchachos que conducían a Tudela otras tantas cargas de carbón. Se les preguntó dónde y por quién se había fabricado, y encontraron en el cabezo del Aguila tres hornos y tres hoyas con carbón y pasados de 6.000 pies de pino cortados. Los seis escaparon al reino de Aragón.

En cambio, me parece disparatado el atribuir la actual ‘desolación’ de las Bardena modo nada menos que relevante, a la Armada Invencible: ¿qué podían buscar los armadores de Felipe I en un territorio alejado más de 100 km de la costa, y no bien comunicada con ella, y lo que es más importante, un territorio cubierto aquí y allí por pinares de corta extensión y pinos, las más de las veces, chaparros y retorcidos? En cuanto a la rnadera empleada en las obras del Canal Imperial, sabemos que por IBales privilegios el alcaide de cal podía cortar, en 1584, hasta 300 estacas en las Bardenas, y que en tiempos de Pio II, siglo XVIII, los troncos de árbol bajaban del Pirineo en almadías.
Bandolerismo y frontera.
El que la Bardena no estuviera cubierta de bosque espeso, ni claro, no quiere deci no fuera un territorio donde resultara fácil ocultarse a cualquier fugitivo de la justicia. El bandolerisrno de Sierra Morena tampoco se amparó necesariamente en bosques froridos no en abarrancamientos inextricables, en cabezos aislados a cuya cumbre se accede subiendo penosamente, y aun trepando, en maquias espesas, a veces constituidas por pinchudas, lo que hacía difícil y penoso el tránsito.
Además, el bandolerismo, tanto o más que con a vegetación y las formas del relieve que ver con la falta de población, el aislamiento y la frontera. Al menos estos factor fluyeron de manera decisiva en el caso de Navarra. Mañé y Flaquer aseguraba en el br de su Viaje al País de los Fueros que en la Ribera “irse a las Bardenas” es frase vulgarmente para significar que se huye de la persecución de la justicia.
El bandolerismo bardenero, esto es, la existencia continuada y no esporádica de s dores de caminos y ladrones de ganado en territorio de las Bardenas desde la alta Edac dia, tras la reconquista de Arguedas en 1084, hasta el siglo XIX es un ejemplo de lo que acabamos de ver. No podría hacer ahora una síntesis histórica del fenómeno - nunca a mi interés -, de modo que me limitaré a reproducir unas cuantas notas procedentes d lecturas; de manera un tanto deslabazada, además.
A propósito de un largo pleito que sostuvo en el siglo XII el obispo de Pamplona, de París (1167-1193), con el de Zaragoza, Pedro Torroja (1163-1184), cuenta Goñi 3a bide en su Historia de los Obispos de Pamplona que una de los testigos, la andana 0 to de Gosian, declaró haber conocido al prior Don Enneco (de Uncastillo), “quem occic sarraceni in Bardena dum iret apud Tutela” (a quien mataron los moros en la Bardena’ do se dirigía a Tudela).
Arturo Carnpión cuenta en El genio de Navarra que en la guerra de los burgos de plona Garcia Almoravit admitía entre sus tropas a “los foragidos, fugitivos de la ju adeudados y mal contentos, que en las soledades dé las bardenas o en las asperezas montañás y cercanías llevaban su desalmada vida de out (sin ley).
Aqui se relacionan claramente bandolerismo y frontera. El más claro ejemplo de e dio en la frontera de Navarra con Guipúzcoa, que durante siglos fue conocida como tera de los malhechores. Para poner remedio al primero, el bandolerismo, que se ben ba de la segunda, la frontera, diversos pueblos finítimos o fronterizos de Navarra y A
reunidos en La Estaca, ‘donde el rey Sancho fabricó una fortaleza, quizá para este fin’, fun daron una Hermandad o Cofradía en 1204, en cuyos estatutos figuraba nada menos la fa cultad que cualquier cofrade tenía de! cogiendo a un salteador in fraganti, P10 prenda y, sin esperar al Rey ni al Señor del pueblo, lo ahorque”(en los Registros de Comptos seda cuen ta de de varios ahorcados en la Bardena; en 1342, por ejemplo, lo fueron Pascoal Cortes, de Ribaforada, y Bertholt, hijo de Lope de Boteca).
Los pueblos junteros eran, en Navarra, Tudela, Murillo de las Limas (o Murillo sobre Tu dela), Arguedas, Valtierra, Cadreita, Villafranca, Milagro, Peralta, Falces, Caparroso, Santa cara, Murillo el Fruto y Carcastillo (inexplicablemente no figuran en esta lista, Buñuel, Fusti ñana, Cabanillas y otros más); y en Aragón, Tauste, Ejea de los Caballeros, Luna, El Bayo, Luesia, Biota y Erla, “que debe ser Bierlas”, según aclaran Moret y Yanguas.
Los castillos bardeneros (Aguilar La Estaca, Mirapex o Mirapeix, Peñaflor, Peñarredonda y Sancho Abarca) eran, en general, torres de vigilancia levantadas cerca de la frontera que al mismo tiempo sirvieron de prisión. De uno de ellos, Peñaflor, que también se llamó desde el siglo XVI Torre de Eguaras, se sirvió Navarro Villoslada en su novela histórica Doña Blan ca, y desde entonces las gentes le llaman con este nombre y han olvidado el de Peñaflor. Había también castillos en pueblos navarros lindantes con las Bardenas, como Tudela, Ar guedas, Valtierra, Cadreita, Caparroso, Rada.
Moret achacaba nuy juiciosamente el bandolerismo en general a los daños ocasionados por la guerra, “que no sólo es dañosa a los Pueblos mientras dura, sino también después de assentada la paz. Porque muchos de los soldados, hechos a la licencia de las pressas y ro bos, y aborreciendo el trabajo lento, pero continuo, de buscar la vida con los oficios de la paz, dan en infestar los campos públicos y hacen saltos en los passageros...”. QCuántos co mentarios moralizantes de este tipo no se habrán dicho y escrito, en libros y películas, acer ca de tales hechos en todas las partes del mundo».
No siempre los bandoleros eran gente de tropa inadaptados, sino vulgares huídos de la justicia y hasta hombres de condición nobiliaria. ‘Un soguero fue rastrado y enforcado (ahor cado) porque matá al mozo de Thomas el prevost de Olite, en la Bardena, de cabez de Gar cia” (Puy García), consigna Carnpión al comentar en su Mosaico...!!, el tomo 38 de Comp- tos, año 1337.
También los contrabandistas se sirvieron de la Bardena para pasar las mercancías desde Francia y Aragón hasta Castilla. Entraban por la cañada de los Roncaleses, pernoctaban en la venta que había junto a la ermita del Yugo y desde aquí, por Murillo de las Limas, cruza ban el Ebro en el pontón, camino de Castilla.
En muchas ocasiones había en la Bardena verdadera práctica del abigeato. Acaso esa fuera la dedicación punible de ciertos personajes nobles aragoneses en la minoria de edad de Jaime 1. Cuenta Moret que algunas tropas de hombres sediciosos (Doña María y Don For taner de Alascán, su hijo) se apoderaron de Sádaba, y desde esta villa hacían correrías y ro bos en la frontera de Navarra, “aprovechándose de las cercanías de la Bardena, tierra que brada y de mucho boscaje, y como despoblada, por reservada para pastos de ganado de que abunda, muy a propósito para saltos y robos”(Moret, tomo tercero de sus Ana/es).
En su Mosaico histórico, I comentando el tomo de Comptos correspondiente al año 1341, Campión narra que “hombres de Aragón han desafiado a todos los abitantes en Na varra, a los cuerpos et a sus almas por intentar prender los ganados de la Bardena, por lo

que el Merino de la Ribera (Guillermo de Montfaucon) va a los castillos de Sancho Ab Peñaflor y Lestaca, con 10 de a caballo y 60 de a pie (20 moros y 40 cristianos) por goE et defender los dichos ganados.
¿Y quién no ha oído hablar de la astucia y bravura, y del poderío, que tuvo Sanchico ta, diminutivo del legendario Sancho de Rota, nombre y apellido medievales que aún sisten en nuestros días, por ejemplo en Arguedas, o del Moneos tudelano?. Precisameni levantó en 1804, en la Bardena atravesada por el camino de la Ribera, la venta de San cisco Javier, como antes se dijo, para facilitar la lucha contra salteadores, vagabundos da clase de gentes de mal vivir. Tenía capilla, donde se celebraba misa para los viajero! dos los dias festivos, abundancia de cuartos para toda clase de huéspedes, buenas paciosas cuadras, cubiertos para coches y carros y una buena balsa y pozo de agua
En esa venta se reunió algún tiempo la Junta de las Bardenas. Antes lo había hecho, mero al aire libre, y luego, en el cabezo de Puy García, frente a la laguna del Raso de lo lbs, por orden de las Cortes de 1765-66. De la venta bardenera mencionada la Junt2 trasladó en 1820 a la ermita del Yugo, y finalmente a Tudela.
Por cierto, resulta un tanto sorprendente la palabra puy entre los topónimos barden Como es sabido, procede del griego podion, que significa montaña o lugar eminente, y lucionó a podium y podio y en Francia a puy, de donde los francos la trajeron a Navar en Cataluña a puig y en otras partes a puyo, poyo y pueyo (así aparece también en la dena; por ejemplo, Pueyo de Lavandera). El equivalente vascuence sería buru y mum.
Las Bardenas Reales son un espacio fronterizo, no sólo por hallarse entre Navarra y gón, sino también porque en la Antigüedad y en la Alta Edad Media sirvió de separa (riiás franja que raya) entre vascones y celtíberos y entre cristianos de los reinos pirena de Pamplona y Aragón y musulmanes de la Frontera Superior.
A partir de 1079 en que Sancho Ramírez reemprende la lucha contra los moros de 2 goza, las Bardenas serán una zona propicia para la penetración de los ejércitos cristi hacia las ricas vegas del Ebro que se extienden desde Tudela a Zaragoza. En 1080, dice ret en el tomo segundo de sus Anales, Sancho Ramírez bajó de la Bardena por Tauste apoderó de Patrellas (Pradilla) e intentó conquistar Arguedas. Aprovechábase de la circ tancia de ser la Bardena tierra quebrada y de mucho boscaje, favorable a las embosca
Hasta entonces el “desierto” bardenero había servido a los musulmanes de Tudela ragoza para atacar a los cristianos! por ser “muy a propósito -dice Moret- para celadas tos imprevisos que los moros de las fortalezas confinantes hacían en Navarra, cubriénc en las espesurai”.
A partir de ahora, y sobre todo tras la reconquista de Arguedas (1084), serÍan los cri nos los que la recorrerían para pugnar contra los musulmanes. En realidad, no quedaría visiona libre de incursiones militares esta frontera hasta que Alfonso el Batalladc conquistara Tudela, Ejea y Tauste.
¿Un desierto convertido en vergel?
No pocas veces se califica a la Bardena de desierto. Tal afirmación es, hasta cierto pun to, correcta, si nos atenemos estrictamente al significado de esa palabra, pero puede no ser lo si lo empleamos abusivamente. El diccionario de la Academia de la Lengua define el vo cablo desierto, en una primera acepción, como despoblado, solo, inhabitado, y en una ter cera, que es la que más nos interesa aquí, como lugar, paraje, sitio despoblado de edificios y gentes. Creo que cuando los escritores antiguos hablan del desierto bardenero se refieren a esto, a un territorio despoblado. Pero será preciso el hacer ciertas puntualizaciones.


La Bardena no es un verdadero desierto.
No lo es desde el punto de vista biogeográfico ni geomorfológico. Nadie encontrará al re correrla -salvo los entusiastas fotógrafos de algunos paisajes de la Bardena Blanca- los signos estereotipados que suelen mencionarse cuando se habla de desiertos, en especial de los cá lidos: dunas, oasis, nómadas, etc. Aunque cuando uno se empeña en ver una cosa y estimu lay fuerza a su imaginación, acaba viéndola; por ejemplo, en un comentario a las fotografías de J. A. Munárriz se decía que en sus entrañas -en las de la Bardena- hay tierra, dunas, sole dad y silencio; salvo la relativa a dunas, que nunca las ví, las otras afirmaciones son correctas.
Por desierto entienden los biogeógrafos, en rigor, la ausencia de vida vegetal o su reduc ción a ciertas formas raquíticas especiales, bien adaptadas a resistir uno de los dos grandes obstáculos al desarrollo de la vegetación, el frío o la aridez (por exceso de calor y escasez o falta de precipitaciones) o ambos a un tiempo. Y la ausencia, así mismo, de un drenaje normal hacia el mar (exorreismo) o hacia una depresión lacustre (endorreismo), de suerte que son ca lificados los verdaderos desiertos de zonas con arreismo, en las que las escasas aguas de llu via se pierden por infiltración y evaporación, sin organizarse en corrientes que vayan a parar a un lago o al mar.
Nada de esto ocurre en las Bardenas Reales, donde la inmensa mayoria de las balsas exis tentes son artificiales. Más de 200, entre balsas y balsetes, se contabilizan en la Bardena, la mayoría de ellas con cierta frecuencia secas, como ocurrió en 1985. Hubo que llenar con cis ternas varias estratégicamente situadas. Que ese año fue muy seco lo demuestra el hecho de que se cerrara el canal de las Bardenas en Yesa (fue el primer corte desde la inauguración del canal en 1959). La Comunidad de las Bardenas obtuvo autorización de la Confederación Hi drográfica del Ebro el 8-Vl-l986 para llenar la nueva balsa de la Cruceta (30.000 m3) con agua del canal de las Bardenas.
He aquí algunos de los nombres de las balsas bardeneras: los Corralicos y el Llentiscar o Lentiscar en El Plano, el Turco y el Caldero hacia Arguedas, Cabezogancho o Cabezoancho y Marrapate hacia Cabanillas, Clemente y Portirnayor hacia Fustiñana, etc. Dos balsas de la Cru ceta se llenan con agua de la acequia de Cinco Villas derivada del canal de las Bardenas. El 25-IX-1985 se llevaron dos millones de litros de agua a la balsa de la Salve, cerca de Fustiña na, etc.
Llueve poco y de manera irregular y anárquica, pero el agua es evacuada hacia el Ebro.
Curiosamente se han dado casos de ahogados en las Bardenas. Fue famosa la barrar de 1642, comentada en las Cortes de Pamplona de ese año, pues se ahogaron dos bres en las avenidas de los barrancos”. Y alguna vez, el agua tumultuosa de un bari ahogó, tras una tormenta caída aguas arriba, a varias personas que dormían tranquila te la siesta a la sombra de ese mismo barranco, aguas abajo.
Las fuentes son escasas, pobres en caudal y muy irregulares, como se deduce del tura de una interesante descripción de las Bardenas, muy ajustada a la realidad, que ron en1772 dos vecinos de Caparroso, los hermanos Francisco y José García; “de m; tial hay agua bastante en Agua Salada y El Ferial”.
No se olvide, por otra parte, que el clima de la Bardena, por grande que sea la e transpiración -y lo es tanto que hay años en que se secan las balsas, como se ha dich voreció, según se vio antes, la formación de una cubierta vegetal arbórea y arbustiva q da tenía de desértica, y el barranco de Limas o el de Tudela, por ejemplo, por escaso sean sus caudales, que son misérrimos, desmienten su pretendida condición de arrek
Lo que sí hizo el hombre fue descuajar bosques y matorrales, exacerbando la erosi abarrancamiento, al quedar las tierras desnudas de su cubierta natural protectora -en librio con las condiciones del medio ambiente-, y favoreciendo la proliferación de bad que son los que comunican al paisaje cierta nota de desolación que hace pensar a ristas corrientes en los desiertos, especialmente los cinematográficos del Far West.
En todo caso sería un desierto antrópico, no natural. Es más correcto decir de la E na que se trata de una zona subárida, que fue modelada por la erosión física y human; mo todas las zonas similares de nuestro planeta en que el hombre actuó tan irracional previsoramente, de modo que las planas de la Bardena Negra recuerdan a los tassííís madas, las altas terrazas fluviales, como El Plano, son verdaderos regs, los barranco ténticos vadis, etc, igual que en todas las zonas áridas y semiáridas del mundo.
¿Sería posible el progreso de la vegetación bardenera actual hacia el bosque clima le corresponde por sus condiciones mesológicas? Posible, si, pero muy difícil, también nadie espere, como lo hicieron ilusionadamente nuestros padres y abuelos, que con población forestal, siempre lenta, aumenten las lluvias de manera considerable; así lo por ejemplo, AltadilI y la mayor parte de las gentes decimonónicas y de la primera mitE siglo XX.
Hasta cierto punto puede hablarse, de desierto en el sentido de que la Bardena es uf carente de poblamientd fijo. Lo he repetido más de una vez: cuando los anacoretas si ran al desierto lo hacen porque quieren vivir en soledad, retirados del mundo, para garse a la contemplación y a la penitencia. En ciertas órdenes religiosas, a una zona si blar donde se levanta un monasterio o cosa semejante que favorezca la vida solitari anacoretismo se le llama desierto. Por eso, y no por razones climáticas y biogeográfic ninguna clase, se habla de desierto de Calanda y de desierto de las Palmas. Algunos an pensar que el aragonés se llama así por sus áridos paisajes, pero del castellonenE die que lo conozca puede pensar tal cosa.
Mas si las Bardenas carecen de poblamiento permanente, siempre han conocido bitat temporal de pastores y agricultores representado por los corrales y las cabañas, de se albergan el ganado y los hombres en la época de pastoreo o durante las faenas colas; las cabañas han de tener obligatoriamente una puerta abierta que de acceso a
bículo donde pueda guarecerse cualquier congozante bardenero.
Quizás también fuera recorrido el territorio de la Comunidad por prospectores ambulan tes de metales en busca de minas de arambre y cobre, como dice que había el Diccionario de la Academia de la Historia en el articulo que dedica a la ciudad de Tudela.
Empleando el vocabulario antropogeográfico, diríamos que las Bardenas no forman par te del “ecúmene” -esto es, no están pobladas de continuo-, ni del “anecúmene -puesto que hay en ellas, y siempre hubo, desde la prehistoria cierta presencia humana-, sino del “su becúmene”, porque allí viven temporalmente pastores y agricultores -estos cada vez menos y, desde hace unos años y cada vez más, turistas de fin de semana motorizados. Eso sin contar -porque creo o me gustaría creer que se trata de una pesadilla pasajera- con la base militar del Polígono de Tiro.
Zona de pastoreo invernal y secano cerealista.
No debiera ser necesario repetir algo que ya dije por extenso en mi libro sobre la Ribera Tud&ana, pero al menos quisiera hacerlo resumidamente desde una perspectiva distinta, la que se tiene comparando un territorio dado con otros de parecidas características; en def i nitiva, tratando de situar un fenómeno local en un contexto superior.
Las Bardenas Reales han sido durante siglos una zona de pastoreo en la que coincidían los rebaños de los pueblos congozantes ribereños y los trashumantes de Roncal y Salazar. El ganado más importante en ambos casos era y es el ganado lanar Hubo también trashu mancia y trasterminancia de ganado vacuno; e incluso de ganado bovino bravo.
Todo esto es muy ‘mediterráneo’, quiero decir que todas las depresiones y llanuras se miáridas que bordean el cinturón montañoso que ciñe al Mare Nostrum fueron así mismo, siglos atrás -y lo siguen siendo en algunos casos del Oriente Medio y del Magreb-, áreas de pastoreo invernal, piezas del sistema de la trashumancia.
En primer lugar, porque los fuertes calores estivales coinciden en estos espacios geográ ficos con las débiles precipitaciones, y muchas veces con su total ausencia, de modo que cuando comienza el verano se hallan ya normalmente agostados los pastos y exhaustas las balsas y los aljibes, que sirven, respectivamente, de abrevadero para el ganado y de abas tecimiento para los hombres. Unos y otros se ven forzados a huir hacia la montaña cercana. En el caso de Navarra, hacia el Pirineo más alto, el roncalés y salacenco, o hacia las sierras de Urbasa y Andía que, por ser de aprovechamiento comunal de todos los navarros, pue den servir de refugio estival a los rebaños de la Ribera. De la Bardena el ganado sale -tam bién el de Salazar y Roncal- para el 30 de junio
Ya ha líegado Santa Cruz, pastores a la Montaña, a beber agua de fuente y a dormir en la cabaña. (a comer migras con magra ya dormir en buena cama)
Y en segundo lugar, las nevadas abundantes del Pirineo navarro que culmina a rr 2.000 m -desde el Pico de Ori hacia el Este- incitan a los rebaños de Salazar y Roncal mienzos de otoño, a buscar pastos en la Depresión del Ebro, arrendando los de las zas y acampos navarros y aragoneses de los somontanos y sobre todo de los mun mugantes con las Bardenas Reales, cuando no son propietarios ellos mismos por ha comprado aprovechándose de las penurias económicas en tiempos de guerras y po:
rras decimonónicas o con motivo de la desamortización civil. La fecha de apertura a lo tos de las Bardenas Reales de los rebaños pertenecientes a pueblos conqozantes e de septiembre; tradicionalmente fue el 29 de septiembre, festividad religiosa de San Miguel.

Ya ha llegado San Miguel, pastores a la Bardena
a beber agua de balsa
ya dormir a la serena.


Los rebaños trashumantes de Roncal y Salazar entran principalmente por El Paso. 1 la Ribera lo hacen también por los pasos de Val de Rey, Espartosa, barranco de TudeI tillo de Caparroso, carretera de Tauste, etc. Estos últimos años se está dando realce a trada de El Paso; no sería de extrañar que pronto creyeran algunos que esta “ceremor viejísima..., como tantas y tantas de la vida popular, y no es así.
En las Cortes de Navarra de 1604 se decía, después de afirmar que la principal qn de los valles de las Montañas es el ganado: “y es forzoso para haberse de sustentar, xar el dicho ganado a los lugares de la Ribera de este reino, por ser las Montañas tiei fría y de tantas nieves, y en cada año baxan todos los ganados a la Ribera por los me septiembe y octubre y buelben a subir por el mes de mayo”. En otro lugar de la misr se dice que los montañeses se sienten obligados a “comprar yerbas de invierno”, alç ya se había alegado en las Cortes de Tudela de 1565.
Es muy posible que la trashumancia navarra Sur-Norte o trashumancia directa y Sur o trashumancia inversa daten de tiempos muy remotos, aunque sólo puedan doci tarse desde la Edad Media: Roncal y Salazar adquirieron, probablemente, el derecho d toreo en las Bardenas Reales desde el siglo VIII o IX, y aun pueden ser los privilegioE gados entonces por los reyes un formal reconocimiento de derechos no escritos pret
Más de una vez he dicho -y no seria justo dejar de recordarlo ahora- que la trashi cia Norte-Sur desempeñó un papel importante en la interrelacián Montaña-Ribera, q cañadas fueron cordones umbilicales de unión y comunicación entre el Norte y el SL tores de la conformación del reino navarro y de su integración.
La principal vía pecuaria navarra de la llamada trashumancia inversa es la cañada bañera de los roncaleses, que une el valle de Roncal con las Bardenas Reales, segu la que va del Valle de Salazar a Murillo el Fruto y la que se dirige del valle de Aézcoa agro. Las más destacadas vías de trashumancia directa son la que une las Bardanas te) y Urbasa y Andía y la que lleva de Imas a Irache.
La trashumancia implicaba casi exclusivamente al ganado menor, y sobre todo al aunque ciertos documentos, no muy abundantes, por otra parte, constaten de cuan cuando la presencia de rebaños bovinos. Y es natural que así fuese, porque ovejas y son animales resistentes a los desplazamientos largos y capaces de alirnentarse en
coyunturas desfavorables con los pastizales secos del valle del Ebro, más que los bueyes y vacas.
Sea de ello lo que fuere, el caso es que, como en todo el mundo, la trashumancia se ha lla desde hace unos cuantos decenios en plena decadencia. Repitamos sólo algunos de los datos conocidos.
Porque el lugar donde mayor número (de reses) se apacienta, y tiene gozo, es el de las Bardenas Reales, porque entran en ellas más de trescientas mil cabezas de ganado”. Esta abultada cifra del año 1600 bajó a 163.400 en 1854 y en torno a 70000-80.000 en nuestros días, O bien, 90.000 cabezas de ganado lanar roncalés bajaban! según Madrazo, a finales del siglo XIX, y no suelen llegar a 15.000 en nuestros días. Tampoco hace falta insistir sobre las causas socio-económicas que han motivado tal declive.
Una de ellas, pero no la más importante, fue el que las Bardenas Reales, que durante si glos no pasaron de ser un espacio donde podían hacerse roturas coyunturales para solu cionar ciertos problemas “puntuales’ de hambres familiares, se convirtieron en la segunda mitad del siglo XIX, por obra de la gran roturación de los secanos, en una importante área cerealista, como vimos antes. Pero no de regadío, aunque se hubieran elaborado ciertos proyectos, especialmente en el siglo XVIII, para lograrlo al menos en una parte de su territo rio.
Son así mismo conocidos estos planes dieciochescos, tan propios de la inquieta España de la Ilustración, y más en concreto del reinado de Carlos III. Dos destacan merecidamente sobre los demás, el de José Mariano Monroy, presentado en 1768, y el de Lorenzo Mariano Díaz, que data de cuatro años más tarde.
El primero es un fantástico precedente de lo que se haría en pleno siglo XX con el canal de las Bardenas. Consistía en regar buena parte de este territorio y de las Cinco Villas ara gonesas con agua derivada del río Aragón y en crear al mismo tiempo 18 nuevas poblacio nes, tres de ellas en las Bardenas.
El segundo propone “la población de los campos henales de la Bardena Real.., y formar en ellos seis pueblos con cien familias”. Es un proyecto de despacho, teórico, optimista y dieciochesco que la Cámara de Comptos, con buen juicio, informaria desfavorablemente ¿A quién no le sugiere todo esto el nombre del ilustrado de azarosa vida que se llamó Pablo de Olavide, y una empresa, la de las poblaciones de Sierra Morena?
A mediados de nuestro siglo se llevaría, por fin, a cabo una parte importante de tales sue ños, gracias al Canal de las Bardenas. Y de aquí arranca el por qué muchos españoles cre en -y lo peor es que así consta en algunos manuales escolares de geografía de España- que las Bardenas dejaron de ser un espacio estepario y un secano cerealista de inciertas cose chas para convertirse, gracias al canal homónimo, en un extenso y rico regadío, en un ver gel.
Más de una vez he dicho que fue una equivocación, una “pena geográfica”, el haberle lla mado Canal de las Bardenas. Debió llamarse, a mi juicio, Canal de Navarra y Aragón Q,no hay un Canal de Aragón y Cataluña?), y así hubiéramos evitado al menos que los periodis tas no navarros escriban en la prensa o pronuncien en la radio y la televisión Bárdenas, y que la gente piense que dejaron de ser un desierto paa convertirse poco menos que en un oasis.


Escenario de conflictos.
Entre la Corona y los pueblos congozant
Por motivos diversos, los Reyes y sobre todo sus Patrimoniales y Sustitutos Patrin les, funcionarios reales encargados de velar por el patrimonio de la Corona del reino varra, discutieron y pleitearon durante siglos con las 22 entidades “congozantes”, sep o conjuntamente, acerca de la propiedad! posesión y uso -libre y gratuito o mediante c del territorio bardenero. Eran y son congozantes, esto es, tenían y tienen derecho al vechamiento de las Bardenas, 19 pueblos de la Ribera, el Monasterio de la Oliva, ta ribero por su situación, y los valles de Roncal y Salazar. Sólo coyunturalmente aparec da alguna otra entidad.
De los 19 pueblos de la Ribera! dos tienen categoría histórica de ciudad -Tudela y lla- y 17 de villa. Una enumeración y correcta agrupación geográfica de los mismos e distribuirlos en varios grupos de dispar importancia. El primero, que es el más numero cluiría los congozantes fronterizos: Carcastillo, La Oliva, Santacara, Mélida, Caparro llafranca, Cadreita, Valtierra, Arguedas, Tudela! Cabanillas, Fustiñana, Buñuel y Cortes. gundo estaría formado por las villas del bajo Arga-Aragón: Falces, Peralta, Funes, Mai Milagro. El tercero por Corella, en el valle del río Alhama.
Y el cuarto y último, por nuestros valles pirenaicos más orientales, Roncal y Salazar, integrado por siete villas (Uztárroz, Isaba, Urzainqui, Roncal, Burgui, Garde y Vidángoz te por 14 villas agrupadas en nueve municipios (Izalzu, Ochagavía, Escároz, Jaurrieta, Esparza de Salazar, Sarriés, Güesa y Gallués).
A los vecinos de todas estas entidades locales los Reyes fueron otorgando en dite ocasiones derechos diversos de aprovechamiento y goce: por haberles ayudado en conquista! para facilitar la repoblación y defensa de la Ribera reconquistada a los mu nes en tiempos de Sancho Ramírez, Pedro 1 y Alfonso el Batallador, por los muchos y dos apoyos, ayudas y anticipos pecuniarios que les prestaron en tiempos recios, com firmación de costumbres inmemoriales, etc.
Los derechos de aprovechamiento consistían las más de las veces en pastar, rozar! y cultivar, en recoger el estiércol de corrales y majadas, en cortar leña y madera par2 domésticos -nunca para granjear con ellas-, en fabricar carbón vegetal, en cazar y, otros menores y más coyunturales, en recoger el visco o muérdago, la pez y el tan o za de encina, en hacer caleras (consta que se explotaron en los Trilluelos para el puei Castejón) y en explotar hornos de hacer teja y ladrillo, etc.
En 1705 Felipe V confirmó a perpetuidad, a cambio de 12.000 pesos, todos estos chos de uso, y se comprometió a no otorgarlos a ninguna otra comunidad ni persona cular. En 1979 el Estado -a quien habían ido a parar las propiedades de la Corona de rra- cedió gratuitamente a la Comunidad de las Bardenas Reales el dominio directo, fue anulado en 1984. La Comunidad de las Bardenas sólo es titular del dominio útil.
El gobierno y la administración de las Bardenas están a cargo de la Junta General

presentantres de los pueblos y valles congozantes y de la Comisión permanente compues ta por un presidente y cuatro vocales elegidos por la Junta general en votación secreta. Es ta Junta designa por mayoría el vocal que ha de ocupar la Presidencia.
Hasta 1820 la Junta se reunía cada 12 de Noviembre en audiencia general ante el Patri monial y los alcaldes de los cuatro pueblos junteros. Cada alcalde de pueblo congozante asistía “con mucho concurso de gente”, algunos hasta con 150 hombres, sobrepasando en total los 1.000. Al día siguiente y el 26 de Abril se celebraban sendas mestas en las que se procedía a la devolución de las reses mostrencas a sus dueños.
Para comprender mejor los problemas y litigios que se suscitaron entre la corona y los congozantes ha de tenerse en cuenta que el núcleo central del interfluvio Aragón-Ebro-Ar ha de las Cinco Villas aragonesas era, en el siglo Xl-Xll, cuando fue reconquistado por los reyes de Pamplona y Aragón, tierra de nadie, y como tal entró a formar parte del patrimonio de la Corona, mientras que en la periferia se fueron configurando una serie de entidades po lítico-administrativas (municipios) formadas por terrenos de regadío y secano roturados y puestos en cultivo probablemente desde tiempos prehistóricos.
Levi Provençal decía que las tierras incultas en al-Andalus, como los agri deserti de la época romana, eran devueltas legalmente al Estado, y el califa podía, para vivificar esas tie rras “muertas” -esto es, roturarlas y cultivarlas-, atribuir su disfrute a quien manifestara su intención de hacerlas fructificar e instalar en ellas colonos.
Hasta el siglo XIX fueron frecuentes las quejas de los pueblos congozantes contra los Pa trimoniales (autoridades que perduraron hasta 1820) quienes, por ejemplo, vendían a ‘ex tranjeros” de la Comunidad bardenera, aunque navarros, e incluso a entidades y particula res de fuera del Reino, leña, carbón y pino de las Bardenas Reales o les permitían, previo pago de dinero, hacer pez en ellas o que entraran al goce de los pastos sus ganados o que lo hiciese cualquier tipo de rebaño -de pueblo congozante o no- en tiempo de veda, permi tiéndoles entrar antes de la fecha acostumbrada y salir después de lo fijado en las Orde nanzas, etc.
Las protestas de los pueblos congozantes ante los abusos de la autoridad real o de sus representantes arreciaron con motivo de la donación perpetua que se hizo a favor de Pierres de Peralta de la fusta, leña y carbón y de las calonias y penas del Patrimonio Real en las Bardenas... con derecho a poner sus propios guardas y su sello en la madera o fusta, que podían vender dentro o fuera del reino, franco de todo derecho.
Y, al revés, los Patrimoniales se empeñaban en prohibir a los vecinos de los pueblos con gozantes que “hagan fusta y leña”, contra “sus buenos usos y costumbres”.
A pesar de estarlo prohibido por las leyes de 1567, 1576, 1580 y 1583 -decían las Cortes de 1735-, los Patrimoniales y sus Sustitutos “han vendido en Aragón mucha leña y carbón, y maderage de pinos y dado licencia de hacer pez...”
Finalmente, por cuestiones de competencia, preeminencia y honor había fricciones entre los Patrimoniales o sus Sustitutos y los cuatro alcaldes junteros de Tudela, Roncal, Argue das y Caparroso, aquellos deseosos de arrebatar a estos el ejercicio de la jurisdicción civil y criminal de las Bardenas que siempre tuvieron.
Entre navarros montañeses y ríberos.
Ambos tenían intereses ganaderos encontrados, y de ahí que disputaran -sobre to roncaleses y salacencos con los tudelanos, propietarios de ‘os rebaños más numeroE propósito de la veda y apertura de las Bardenas al pastoreo, porque “algunas veces ce que los ganados no se pueden detener en el puerto fasta el día de San Miguel, PC tuna del tiempo”, como reza la Sentencia de los Reyes Don Juan y Doña Catalina acerc modo de gozar las Bardenas inserta por Yanguas en su Diccionario de Antigüedades.
En otras ocasiones los que intentaban entrar antes de abrirse la veda eran los gana congozantes de la Ribera, a quienes, contra derecho, los Patrimoniales y sus Sustitutc ban licencia “para que entren a herbagar y gozar sus hierbas con sus ganados grana menudos antes del tiempo que se les pertite por dichas leyes, porque se comen la las yerbas y quando los ganados de los demás llegan a gozarlas, están todas ellas o 1. yor parte muy menoscavadas” (Novísima Recopilación).
Desobedeciendo a lo preceptuado en las Ordenanzas vigentes, algunos rebaños pi necen pastando en verano (por ejemplo en el de 1983). Sobre el que se les diera o no Junta facultad para ello enfrentaba a los valles de Salazar y Roncal con los pueblos ci zantes de la Ribera.
También había disputas típicamente ganaderas acerca de las reses mostrencas o dE ño desconocido, de los carnereamientos que se hacían de animales que causaban da infringían leyes y ordenanzas relativas a pastoreo, cañadas, etc., de la guardería de & Abarca para animales enfermos, de la introducción fraudulenta de rebaños extraños tastrados como propios en algún pueblo congozante, etc.
Los conflictos entre montañeses y ribereños, viejos en todo el mundo mediterránec deado por montañas importantes -Pirineos, Alpes, Apeninos, Cárpatos, Atlas- que tie su pie depresiones y llanuras como las del Ebro, Ródano, Po, etc, acabaron por disn primero, y desparecer, después, a medida que las montañas, sobrecargadas de pobi en tiempos de inseguridad y guerras, dejaban de ser montañas-refugio y punto de p de correrías y razias para convertirse en montañas suministradoras de emigrantes, atr por los prometedores horizontes de trabajo que ofrecen las tierras bajas y llanas en tie de paz, y en particular sus ciudades.
Estrabán cuenta cómo hace más de dos mil años los montañeses lusitanos invadí cuando en cuando la Bética, los cántabros y astures la Meseta y los vascones la depi del Ebro. Y esto sucedió en la Antigüedad y en la alta Edad Media. Yanguas dice otro en una feliz frase de su mencionado diccionario: “los montañeses del Pirineo...siempr descendido, como las aguas, hacia la tierra llana, trayendo en la emigración los hábitc quiridos
Salacencos y roncaleses, estrechamente vinculados a la Ribera por la trashumanc guraron entre los compradores de corralizas desamortizadas en el Sur de Navarra, pE tegrarlas en el circuito del pastoreo de sus rebaños durante los siete meses de su esi “invernal”. Y nada tiene de extraño el que los segundones montañeses acabaran casi se con ribereñas e instalándose como ganaderos y carniceros, sobre todo en los pu más cercanos a la Bardena.


He aquí dos conocidas jotas, que recoge Ollaquindia, rel; a las relaciones entre roncaleses y gentes de la Ribera:

“Oveja que al puerto sube qué blanca baja la lana;
las mocitas roncalesas
hacen buenas riberanas”
“Montañesa, montañesa, no te cases con ribano (ribero) que en la Ribera se cría mucha paja y poco grano
J. M. Esparza (DN 1 -IV-89) publicaba la siguiente jota de vanagloria roncalesa, que es una variante de la que exalta la grandiosidad de la Bardena, antes citada:
“En la punta de Qornialto me puse a considerar
qué serían las Bardenas sin el valle de Roncal”
La primera de estas tres jotas tiene poco sentido, pues siempre fueron excepcionales las bodas de salacencas y roncalesas con hombres del Sur; al revés, no, como acabamos de ver La segunda es una jota de pique un tanto guasona y un bastante acertada.
Entre agricultores y ganaderos.
Principalmente se enfrentaban de hecho -con violencia- y de derecho -litigando en el Tri bunal de la Cámara de Comptos y exponiendo sus razones en las Cortes- los roturadores de la Ribera y los pastores y ganaderos pirenaicos, aquellos deseosos de extender el espa cio cultivado a expensas del monte ocupado por bosques, matorrales y pastizales, y estos celosos enemigos del labrador, defensores a ultranza del “año y vez” como sistema de cul tivo cerealista.
Toda ampliación del espacio agrícola -se pensaba- iba en detrimento de la ganadería, y de manera indirecta también de la agricultura, dado lo necesario que era el estiércol antes de la aparición y difusión de los fertilizantes químicos, para evitar el agotamiento de la tierra de labor e incrementar las cosechas.
La gran roturación de la Bardena tuvo lugar en los primeros decenios de nuestro siglo,
como prueban los siguientes datos catastrales referentes a la tierra de labor: 3.233 ha. en
1888, 4.168 en 1900, 12.464 en 1920, 15.836 en 1940, 19.497 en 1950, 20.993 en 1990 y 21.968
en 1996.
En el total de tierras de cultivo el predominio de las plantas herbáceas sobre las leñosas
es muy notable; los ganaderos siempre se opusieron a la difusión de éstas, que ademá drían facilitar en su día la particularización de las Bardenas. Por las razones antes exi tas destaca también el alto número de hectáreas dejadas cada año en barbecho; casi se consignan en las SOCAS (“Superficies ocupadas por los cultivos agrícolas”) de 199 fra a todas luces exagerada que responde a razones de oportunidad respecto a la pc agraria de la Unión Europea.
Los cereales de secano que más extensión ocupan son la cebada de invierno y el duro y blando, algo más de la mitad aquella que éste. Los demás cultivos herbáceos d cano (espárrago, veza, girasol, guisante) suponen poco; el primero llegó a cubrir hace años alrededor de 100 ha (hoy, solamente 10).
La diversidad de cultivos es mucho mayor en regadío que en secano. Pero en el re! tradicional de los pueblos ribereños el número de plantas anuales, herbáceas, es mu perior al de los regadíos bardeneros. De entre los cereales destaca en estos claramel maíz (556 ha.), pero hay hasta arroz (55 ha.). Siguen en importancia la colza (145 ha.), falta (61 ha.) y las hortalizas (85 ha.); entre estas hay que citar: endivia, alcachofa, ce pimiento, tomate, etc.
De los cultivos leñosos de tipo mediterráneo que Nagore estimaba que tenían posi des de ser cultivados (olivo, vid y almendro), el primero nunca lo fue, a pesar de lo que tas noticias documentales hayn dicho sobre el particular; la vid jamás llegó a tener d siada importancia, aunque alzanzara 130 ha. a mediados de nuestro siglo (hoy, una I rea); y el almendro tampoco (68 ha. en 1996).
Esta poca o nula aceptación y difusión de los cultivos leñosos tiene que ver algo odio ancestral del campesino al árbol y al arbusto, y en el caso de las Bardenas sobre porque el carácter semipermanente de tales plantas podría cercenar el espacio ganade pastoreo y, por añadidura, favorecer la prívatización del uso y hasta de la propiedad tierra.
Si tradicionalmente los ganaderos se oponían a la ampliación del espacio cultivado, que este se dedicase a cereales alternando con barbechos, mucho más lo hubieran en nuestros días ante la proliferacián de nuevos cultivos de regadío (embalse de El F pero el gremio pecuario ya no tiene hoy el poder y la influencia que tuvo en el pasado
Nuevas tensiones entre bardeneros se han suscitado al convertir mediante el rieg’ aspersión, sobre todo, la tierra cultivada de secano en tierra cultivada de regadío. ¿( corre con los gastos de las tierras que llevan los agricultores al ponerlas en riego? trer garantías de que puedan seguir cultivando la tierra?. Si la Junta de las Bardenas cOrn una parte de los gastos de puesta en regadío de tierras pertenecientes a la Comunidad testan los ganaderos de que se hagan inversiones para los agricultores. Y si corren a ta de los vecinos congozantes, ¿cómo van a invertir sin garantías de futuro?
Entre particionistas y antiparticionistas.
En el siglo )O( estallaron las controversias -en forma de largo pleito que el Tribunal Su premo sentenciaria a favor de los segundos- entre congozantes partidarios de dividir y re partir el territorio bardenero y aquellos otros que defendían el statu quo tradicional.
En el primer grupo hay que incluir a Tudela y los municipios que, por encontrarse más ale jados de las Bardenas (caso de Corella, Falces, Peralta, Santacara, Marcilla, Funes, Villa- franca, Milagro y los valles de Roncal y Salazar), menos interés habían mostrado en la rotu ración y el cultivo agrícola.
Y en el segundo, a los pueblos mugantes, cuyos vecinos, de condición socio-económica media y baja, por lo general, y hambrientos de tierra, se lanzaron en los últimos años del siglo XIX y primeros del XX a la aventura de romper la Bardena, de hacer en ella escalios, siguiendo la viejísima costumbre jurídica de la presura: las tierras roturadas quedaban para el disfrute de quien las había puesto en cultivo y sus descendientes, mientras no las dejaran yermas o incultas por un período de tiempo determinado (dos o tres años).
En 1926 comenzó el largo pleito. El Juez de Tudela falló el 20 de julio de 1928 que había lugar al reparto de las Bardenas, y que este se hiciera proporcionalmente a la cantidad con que cada una de las Comunidades congozantes contribuyó al pago de los 12.000 ducados en 1705, procurándose que, en la división, la parte que se asignara a cada Comunidad fue se la que por su proximidad y configuración le sea más conveniente, observándose esta regla en cuanto no se oponga a la anterior, a que queda subordinada (pura visión teórica! irreal, del problema).
Hubo apelación a la Audiencia Territorial de Pamplona, y ésta dio el 24 de enero de 1930 una sentencia declarando no haber lugar a la partición en la forma que se pedía y estable haciendo una doctrina que no satisfizo ni a los demandantes, claro está! ni a los demandados. Aquellos interpusieron recurso de casación, y el 29 de noviembre de 1930 el Tribunal Supremo declaraba que no había había lugar al dicho recurso.
Los pueblos más roturadores, hasta cierto punto los más bardeneros, son, por este orden, Arguedas, Mélida, Fustiñana, Carcastillo, Cabanillas y Caparroso: entre los seis detentan más deI 80 % de las tierras cultivadas.
Hay también claras diferencias entre unos y otros pueblos por lo que atañe a la calidad de la tierra de labor: por ejemplo, el 84 % de la de Arguedas es de tercera clase y sólo el 24 % en el caso de Fustiñana; aquel roturó mucho en la Bardena yesifera y salitrosa de la Blanca y éste en la arcilloso-margosa y calcárea de la Negra.
El número total de usuarios de tierras cultivadas asciende a unos 1.800! con un promedio de 130 robadas (unas 12 ha.) por cada uno. Los intereses de estos pueblos bardeneros chocan con los que sólo roturaron en su día y cultivan en la actualidad pequeñas porciones de la Bardena o incluso absolutamente nada. Basta con seguir en la prensa las reseñas de las Juntas Generales de las Bardenas Reales para darse cuenta de ello.


Es una finca de propiedad particular de unas 1200 Ha de superficie, del término municipal de Valtierra, pero separada del mismo. Limita con Bardenas por el oeste, Norte y Este, y con Arguedas por el Sur.
Antiguamente se le conocía con el nombre de Vedado de Peñaflor. El Castillo de Peñaflor, como otros castillos Bardeneros, se construyó para proteger la frontera con Aragón y reprimir el Bandolerismo.
El vedado de Peñaflor continuó perteneciendo al patrimonio Real, sin que los pueblos tuvieran derechos en él, y con seguridad fue escenario de cacerías reales. Carlos II, en 1357 lo cedió por seis años y 60 libras anuales a García Bartolomé de Roncal.
A finales del siglo XV los reyes de Navarra donan el Vedado de Peñaflor a Mosén Pierres de Peralta y se sabe que en 1530, durante el reinado de Carlos V, el propietario es Juan de Eguaras.
A mediados del siglo pasado pertenecía al Conde de Parent.

Existe una Leyenda del Castillo de Peñaflor, llamado también Castillo de Doña Blanca de Navarra, en el Vedado de Eguaras, un maravilloso oasis en el centro de la Bardena Blanca. Aunque se encuentra en el centro de Bardenas Reales de Navarra, es territorio municipal perteneciente a Valtierra, por lo que parece un poco extraño.
La leyenda dice que este Castillo, perteneció al Rey de Navarra, padre de Doña Blanca de Navarra. Cuando el Rey obligó a Doña Blanca a contraer matrimonio con el Príncipe de Aragón, esta se negó y no quiso aceptar el matrimonio ya que no estaba enamorada, y su padre como castigo la encerró a pan y agua en la torre del Castillo. Todas las noches un pastor de Valtierra, el cual pastaba por esa zona, le llevaba a la torre queso y leche. Y así ayudó a Doña Blanca a sobrepasar el castigo. Cuando Doña Blanca salió de la torre, como signo de agradecimiento por toda la ayuda que le había dado, le regaló todas las tierras que rodeaban al castillo, y por ello actualmente las tierras están dentro del territorio municipal de Valtierra.



En casi todas las descripciones de la Bardena se citan varios Castillos; Aguilar, La Estaca, Mirapex o Mirapeix, Peñaflor, Peñaredonda y Sancho Abarca; Menos citado es el de Sanchicorrota. Hoy apenas quedan vestigios de ellos, o unas pocas ruinas entre las que destacan las de Peñaflor.
Estos castillos eran edificaciones muy modestas, compuestas por una torre principal y un pequeño recinto amurallado exterior en el que podía haber otras torres.

Se construyeron en tiempos de Sancho el Fuerte a principios del siglo XIII.
Sin lugar a dudas el más famoso bandido Bardenero fue Sanchicorrota, que campó sus respetos por toda la comarca, aprovechando que las tropas guerreaban en las luchas de Agramonteses y Beamonteses, a mediados del siglo XV. Se le consideró rey absoluto de las Bardenas y de los poblados limítrofes.
Juan II, hacia 1452, organizó un verdadero ejército de 200 caballeros que cercaron y aniquilaron a la partida de Sanchicorrota. Este se suicidó con un puñal, antes de entregarse. El cadáver fue enseñado en varios pueblos (Valtierra, Arguedas…), y fue llevado a Tudela y colgado de una Horca.
Hay muchas leyendas e historias que cuentan las buenas gentes de los pueblos de Bardenas, sobre todo en Valtierra y en Arguedas. Las Bardenas han sido siempre tierras de trabajo, de gente humilde que iba a recolectar el trigo y no volvía a casa en unos días.
Tierras hace ya más años de famosos Bandoleros, como es el caso de Sancho R. conocido popularmente por sus fechorías como "Sanchicorrota". Tenía la guarida en una pequeña montaña cercana al famoso Piskerra, que era una cueva construida por unos amigos suyos a los que contrató para que le hicieran el trabajo. Al cabo de este trabajo, en vez de pagarles, los asesinó. Para que así nadie supiera donde vivía. La cueva está ubicada en la cima que lleva su nombre (Sanchicorrota, todavía se puede visitar).
El caballo que tenía, llevaba las herraduras puestas "del revés", para que cuando lo siguiera el ejército del Rey, nunca diesen con él.
Asaltaba a todas las gentes que iban de paso (ya que las Bardenas han sido siempre la frontera entre el Reino de Navarra y el de Aragón), he hizo multitud de fechorías. El rey mandó a todo su ejército a matarle, y al final dieron con él. Cuando empezaban a subir la montaña donde vivía, se quitó la vida con un puñal.
Las historias y Leyendas de bandidos continúan en los siglos siguientes hasta "Moneos", considerado como el último bandolero galante del siglo XIX.
Las Ermitas consideradas como Bardeneras están fuera de su recinto pero muy relacionadas con este territorio.
La Ermita de Sancho Abarca, hoy término municipal de Tauste, ocupa el alto de un cabezo, al sudeste de la Plana de la Negra.
La Ermita de la Virgen del Yugo, en término de Arguedas, domina desde lo alto de la Sierra parte de La Blanca por un lado y la Ribera del Ebro de Navarra por otro. Es un gran edificio levantado por las gentes de Arguedas, Valtierra y Cadreita en el siglo XVII y posee un notable retablo Barroco. Más que una ermita es un santuario Mariano de gran devoción en su comarca. A la Virgen del Yugo se le llama cariñosamente Virgen Bardenera.
Su vinculación con la Bardena además de se una buena atalaya sobre ella, proviene de haber sido lugar de reunión de las juntas de Bardenas entre 1820 y 1858.
En la misma muga de Aragón, en el portillo que conserva el nombre hubo una Ermita dedicada a Santa Margarita, dependiente de Santa María Magdalena de Tudela, donde cumplían sus obligaciones los pastores Bardeneros. La Reina Margarita, esposa de Teobaldo I fundó allí una cofradía en 1230.


Las actividades humanas han sido siempre en la Bardena y fuera de ella, factores modificadores del paisaje, que han producido cambios progresivos en la vegetación y la fauna. La ganadería ha sido el aprovechamiento de mayor importancia durante siglos, que solo ha cedido la primacía a la agricultura dentro del presente.
La historia de la Bardena ha estado tradicionalmente asociada a la ganadería trashumante de ovino, principalmente, de origen Roncalés y Salacenco.
El primer documento sobre derechos de pueblos en las Bardenas Reales es el concedido por el Rey Don Sancho García, en Pamplona, en enero de 882, al valle del Roncal, con el derecho de herbajear y hacer corrales y cabañas.
No hay datos sobre cifras de ganados que utilizaban la bardena en la Edad Media, pero se baraja la cifra de 300.000ovejas a principios de la edad moderna.
El 13 de Noviembre y el 26 de Abril de cada año los alcaldes de Tudela, Roncal, Caparroso y Arguedas, con presencia alternamente, ejercían la jurisdicción civil y criminal, dictando justicia verbalmente.
Con motivo de litigios entre ganaderos de Tudela y Roncal, el rey Juan de Labrit dicto una sentencia en el año 1499, que puede considerarse el primer esbozo de ordenanzas.
La mayor concentración de rebaños y pastores se da en El Paso, puerta de entrada de la cañada de los Roncaleses.
Los rebaños ontañeses, Roncaleses y Salacencos, durante muchos años ha supuesto casi la mitad de la ganadería Bardenera. Eran rebaños trashumantes que aprovechaban los pastos de las montañas en verano, y los de la Bardena en invierno. Un largo invierno pues, como canta la jota de Valtierra, pasan aquí por lo menos siete meses:
A la Bardena de rey
Ya vienen los Roncaleses
A comer migas con sebo
Por lo menos siete meses.

En los tiempos actuales, las ovejas montañesas suponen menos de la cuarta parte (unas 14.000 Roncalesas y 8.500 Salacencas), de las que entran, y siguen utilizando las mismas o parecidas vías para enlazar el Pirineo Navarro con la Bardena.
También pastan ganaderías de vacas bravas e incluso alguna de vacas para carne.

BIBLIOGRAFÍA:
LAS BARDENAS REALES
Gobierno de Navarra
Departamento de Ordenación del territorio, Vivienda y Medio Ambiente. 1990.
Textos: Jesús Elósegui Aldasoro.
Carmen Ursúa Sesma.
BARDENAS REALES DE NAVARRA
CAN: CAJA DE AHORROS DE NAVARRA
TEXTOS: ALFREDO FLORISTÁN SAMANES